¿Corren riesgo mis depósitos?

El caso de Chipre y la expropiación de parte de los depósitos tiene a todos los ahorradores europeosen ascuas: los depósitos han dejado de estar garantizados. ¿Pero es que alguna vez lo estuvieron?.

Tal y como está configurado el sistema financiero, la realidad es que un depósito es un préstamo que el depositante hace a la entidad. A cambio, la entidad le compensa con el pago de unos intereses. Por tanto, bajo ninguna circunstancia su dinero está metido en un cajón, digamos billete sobre billete. La entidad financiera emplea ese dinero en su actividad industrial, que es prestarlo a cambio de un interés.


No voy a entrar en un detallado análisis del funcionamiento del sistema, pero ya se habrán dado cuenta de la importancia de elegir bien a quién prestan el dinero de sus depositantes. Porque si los deudores, en cantidad e importe suficiente, no devuelven sus préstamos, tenemos un problema.

Un problema que se puede llevar por delante a la entidad. Si los bancos chipriotas invertían gran parte de los depósitos de sus clientes en deuda nacional y griega, y esta última sufre un proceso de reestructuración que desemboca en quitas, ¿cómo devuelven las entidades ese dinero a sus depositantes? Obviamente, la entidad tendría que responder con su patrimonio. Si es que éste es suficiente…

Y aquí es donde quería llegar. Porque soy de los que desde el inicio de esta situación de crisis abogaban por un ‘bail in’ en lugar de por un ‘bail out’. Esto e s, en lugar de ser rescatadas con el dinero de los contribuyentes, que sean sus accionistas primero y sus acreedores después, quienes se hagan cargo del desaguisado. En orden de prelación: tenedores de cuotas participativas (cajas) o acciones (bancos), participaciones preferentes, deuda subordinada perpetua, deuda subordinada con vencimiento u opción, luego pagarés, bonos senior, cédulas hipotecarias y, finalmente, los depositantes.

Que paguen quienes tienen que pagar. Los propietarios, por haber hecho una mala inversión. Y los acreedores, bonistas y demás, por haber prestado su dinero a quien no debieron.

Esto funciona si el proceso se hace a su debido tiempo. Cuando se mira hacia otro lado esperando a que la situación mejore por arte de magia y no se toman las decisiones que hay que tomar, todo es más caro y más doloroso.

Llegar al dinero de los depositantes es señal de que muchas cosas se han hecho mal, y no precisamente por parte de los aquéllos. Hay un fallo clamoroso de supervisión del sistema (¡ojo!, no de regulación). Hay un fallo en la política de riesgos de la entidad (¿quiénes eran sus administradores?).

La buena noticia, por la cuenta que nos trae, es que el caso de Chipre puede suponer un cortafuego definitivo a la voracidad de los gobiernos para seguir endeudándose. Aunque me temo que no a su acción discrecional, de tanto alcance como para confiscar los depósitos de los ahorradores. A las pruebas me remito.

  Francisco J. Concepción
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