“Dividendos: sí y no” 

Los inversores y ahorradores cada vez tienen más dificultades para rentabilizar su patrimonio financiero. Bien sea por la creciente presión fiscal, ya confiscatoria, ya sea porque el entorno financiero es cada vez más complicado.

De hecho, el reciente término ‘represión financiera’ lo muestra muy bien: sistemáticas emisiones de dinero que persiguen reducir el valor real del endeudamiento de los gobiernos y provocar una devaluación efectiva de la moneda, ambas a costa de generar una subida real de los precios y de mantener artificialmente bajos los tipos de interés.


Lo anterior no parece que vaya a cambiar a corto plazo, y dibuja un entorno más exigente para lograr el primer objetivo que cualquier ahorrador o inversor debe conseguir: batir a la inflación.

De un tiempo a esta parte esto era relativamente sencillo. Invirtiendo en una letra del tesoro a un año, o en un simple depósito a plazo, ya era suficiente. Activos financieros sencillos, claros y accesibles a cualquier ahorrador.

Más si recordamos el particular caso de España, donde muchos ahorradores se habían acostumbrado a recibir retribuciones por sus depósitos muy superiores a las tasas monetarias equivalentes. Como todos sabemos, la recomendación del Banco de España de ajustar aquéllas, terminó con esa situación. Ha llegado el momento de buscar una alternativa.

Una de las más habituales es la rentabilidad por dividendo. Aunque es cierto que desde el punto de vista del riesgo asumido no tiene nada que ver suscribir un depósito a comprar una acción cotizada en bolsa, vamos a centrarnos en el objetivo de lograr rentas periódicas. Antes eran las liquidaciones periódicas del depósito, ahora elabono periódico de los dividendos.

Y aquí es donde hay que separar el grano de la paja. Porque igual que un PER bajo no implica necesariamente que la acción esté ‘barata’, que una determinada empresa ofrezca una ‘espectacular’ rentabilidad por dividendo no implica necesariamente que ésta sea una ‘buena’ inversión.

Las utilities o el sector financiero han ofrecido tradicionalmente buenas rentabilidades por dividendo. Aunque parece que no han sido tan buena inversión. Porque un factor crítico es conocer la fuente del dividendo y cómo lo pagan. Entenderán que no es lo mismo que la generación del dividendo sea real, con cargo a los márgenes del negocio, a que se convierta en un artificio contable o en un argumento comercial. No parece que tenga sentido tener un beneficio por acción de 0,56 € y pagar un dividendo de 0,60 €.

Además, no es lo mismo retribuir al accionista con cargo a la caja generada que mediante ampliaciones liberadas. El conocido como ‘scrip dividend’, donde son los propios accionistas quienes se pagan a sí mismos. Flaco negocio.

Sectores con elevada y recurrente generación de caja neta, poco endeudados, con crecimientos sostenibles del negocio, que en lugar de dedicar ese resultado a destruir valor mediante onerosas adquisiciones lo compartan con el accionista, parecen mejores opciones. En el mercado español tenemos algunos ejemplos.

Como siempre, un análisis previo es el mejor comienzo.

 

  Francisco J. Concepción
logo-grey