El futuro es hoy

Desde estas líneas ya hemos tratado el asunto, pero la publicación de la última EPA obliga a insistir en un asunto de vital importancia. Sí, vital, porque nos va la vida en ello.

 

Una EPA que muestra como apenas un 35% de los españoles sostiene al resto –cifra que baja al 29% si sólo consideramos a los ocupados en el sector privado- no es solo para preocuparse, sino es algo en lo que ocuparse. Algo que ha dejado de convertirse en una opción para convertirse en una prioridad: la previsión. Planificar nuestra salud financiera cuando pasemos a formar parte de ese 52% de la población clasificado como no activos.


La baja natalidad y el envejecimiento de la población. La mejora de la esperanza de vida mucho más allá de la edad de jubilación. La incipiente emigración. Factores todos que agravan el problema. La buena noticia es que aún podemos estar a tiempo, así que actuemos.

 

Ya sabemos que la vivienda ‘no siempre sube’. Antes también, pero nos resistíamos a creerlo. Lo que constituye para muchas familias su mayor inversión, puede que finalmente no sea tan rentable. Puede que su valor no sea el que esperamos, o que ni siquiera podamos o queramos hacerlo líquido en un futuro. Así que no depositemos toda nuestra esperanza en un único activo.

 

Una apreciación en este punto. Aquéllos con carreras profesionales cortas, en los que incluyo los autónomos, financien su totalidad incluso antes de dejar la vida activa.

 

Respecto el ahorro financiero, también debemos tomar alguna decisión. Hemos mencionado desde estas líneas la diferencia entre el ahorrador y el inversor. El primero más preocupado por la protección del capital, por lo previsible, por la generación de rentas, por la disponibilidad.

 

El segundo más preocupado de la diversificación, el largo plazo, de la capitalización. Y precisamente es esta segunda parte la que está ligada al incremento de riqueza. Así que merece la pena analizar y distribuir adecuadamente mis activos financieros entre los calificados de ahorro, y los calificados como inversión. Entenderán que cuanta más riqueza acumulemos de cara al futuro, más tendremos para disponer. Todo lo anterior ajustado a la tolerancia al riesgo de cada uno.

 

Y el tercer punto clave –limitaciones de espacio obligan- son las pensiones. Nuestro actual sistema público de pensiones es de todos menos sostenible. Es así. Pruebas las que quieran: no actualización por inflación, “factor de sostenibilidad”, alargamiento de la edad de jubilación,.. Lo que se traduce en pensiones menguantes. Así que constituyamos nuestro ahorro de previsión, ya sea a través de planes o fondos de pensiones o del vehículo que elijan, pero con este objetivo previsional. Si queremos que nuestra renta como jubilado sea lo más cercana posible a la que tenemos como activo, habrá que ahorrar, y mucho, hoy.

 

Dediquemos al menos el mismo esfuerzo a gestionar el fruto de nuestro esfuerzo como el que dedicamos en su generación.

 

En planificación financiera el tiempo es nuestro aliado. No lo desaprovechemos.

  Francisco J. Concepción
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